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martes, 11 de septiembre de 2012

Museo del Arte: Jóvenes espartanos / Edgar Degas

Museo del Arte: Jóvenes espartanos / Edgar Degas: National Gallery de Londres.- - - Edgar Degas: - - - El triunfo en el Salón de París se convierte en una obsesión para los jóvenes pintores que destacan en la década de los 60. Es cierto que un éxito en este único lugar de exposiciones aseguraba la fama y casi la fortuna, por lo que había que adaptarse a las exigencias del jurado, compuesto por personalidades y profesores de la Escuela de Bellas Artes. La temática histórica era una de las favoritas para este jurado por lo que Degas se va a enzarzar en varias composiciones históricas durante estos años. Curiosamente sólo expuso en el Salón una de ellas. Desconocemos el significado exacto de Jóvenes espartanos, opinándose que sería una alusión a la rigidez del sistema educativo de Esparta o a la eugenesia - asesinato de niños deformes o enfermizos - realizada habitualmente desde el monte Taygetus, monte que se aprecia al fondo de la escena, para preservar la fortaleza de la raza. Un grupo de niñas a la izquierda del lienzo se enfrenta dialécticamente con los niños de la derecha. Ambos grupos, en primer plano, dominan la composición, observándose en segundo plano otro nuevo grupo, esta vez de personas adultas que rodean al anciano filósofo Licurgo, el ideólogo del sistema pedagógico espartano. Degas se interesa especialmente en esta obra por el dibujo a la hora de realizar sus figuras. Tomó como modelos a los niños y niñas de las calles de París, ofreciendo una muestra significativa de realismo. Su deseo de satisfacer al espectador le llevó a retocar en numerosas ocasiones a los jóvenes, especialmente el grupo femenino, como se puede apreciar por los repintes. Es destacable la actitud de tensión que ha sabido reflejar el artista entre sus figuras, existiendo algunas que desean relacionarse con los miembros de su sexo opuesto - en ambos casos - y otras que se mantienen más distantes e incluso indiferentes. Los bellos cuerpos desnudos o semidesnudos del primer plano contrastan con los gruesos ropajes de las figuras que se colocan inmediatamente detrás de ellos. Respecto al color, resulta interesante el empleo de tonos muy armónicos, presididos por los amarillos y los ocres, añadiendo algunas tonalidades para contrastar como el negro, el azul o el blanco. Al recurrir a una iluminación de atardecer se intensifica el color amarillento dominante, creándose cierta sensación atmosférica. Degas se mostró siempre satisfecho con esta obra, a pesar de no exponerla en ninguna ocasión.

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